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28 agosto 2013 3 28 /08 /agosto /2013 07:39

No sabía cómo se llamaban, ni siquiera por aproximación a los nombres que había podido escuchar o leer. Pero esa noche, con una luna muy pequeña, como de pega, de juguete; las estrellas se veían como nunca. Colocadas según su naturaleza, ocupando su sitio, sin molestarse y dedicándose tan solo a brillar en la negrura de las últimas horas de aquel día.

Él le había dicho que tenía estrella, sólo que aún no había aparecido, que lo haría tarde o temprano y que se deleitaría con sus mágicos efectos.

Pero, su incredulidad osó dudar de sus palabras. Le parecieron palabras huecas, vacías e, incluso, diplomaticamente correctas, saliendo del paso, con aliento de mentira, lo típico que se le dice a cualquiera.

Se acurrucó sobre sí misma para salvaguardar el poco calor corporal que le quedaba tras el hachazo del ocaso y miró al suelo clavando sus ojos que comenzaron a bañarse en agua salada.

Si tenía estrella, ¿por qué no aparecía cuando más la necesitaba?, ¿por qué tenía que depender de aquella situación mística cuando el dolor era tan terrenal?, ¿por qué esas estrellas (al menos la suya propia) eran tan caprichosas e injustas?. Se vió retando a esos pensamientos en silencio. "Aparece ahora porque luego, cuando todo se solucione, ya no me vas a hacer falta", se dijo mientras arropaba los dedos de sus pies con las manos y un suspiro de angustia se quedo a medio camino en su diafragma.

Se recompuso y volvió a concentrarse en el baile de brillos nocturnos. Y recordó aquel cuento de la serpiente y la luciérnaga.

" Un buen día una serpiente se encontró con una luciérnaga. Dispuesta a comérsela pues el hambre ya le dolía, se acercó con sigilo. En ese momento la luciérnaga dijo "¿Puedo hacerte una pregunta". La serpiente respondió "no suelo intercambiar palabras con mis víctimas, pero hoy contigo voy a hacer una excepción". La luciérnaga temerosa preguntó "¿Acaso soy un plato delicioso para ti". La serpiente espetó "No". La luciérnaga insistió "¿Acaso formo parte de tu cadena alimenticia?". La serpiente siguió acercándose "No". "Entonces, ¿por qué me quieres comer?". Y la serpiente zanjó la conversación "porque no soporto que brilles"".

¿Sería eso?, ¿sería que algo o alguien no quería que brillase?.

En ese momento, sobresaltada, se vió atacada por su propia estima. Desmembrada, inquieta y esperanzada, una idea le rodeó el cuerpo entero y se manifestó a través de un escalofrío que le hizo enderezarse y revivir de golpe.

Su brillo, auténtico, genuíno, único entre todos los demás solamente dependía de su propia energía. Esa era su estrella, su voluntad, sus ganas y su valentía. Él tenía razón...una vez más.

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Published by Kora
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Comentarios

Kora 09/02/2013 08:26

Hay algo más gratificante que lograr contagiar luz?????...gracias Betty, un besazo enorme.

Betty 08/30/2013 14:51

No hay cosa mas bella que brillar e iniciar la cadena de luz esa que saca de la penumbra a todos cuantos ivernan consiguiendo que brillen y contagien a otros....

Kora 08/29/2013 10:45

Muchísimas gracias, Pedro...aunque, para mi, la luz no sólo proviene de una única fuente (la mía), más bien hablamos de distintos focos (el tuyo, el de ella, el de él,...).
Un besazo de Kora-zón

PEDRO 08/29/2013 10:42

Me parece que el relato tiene, como las mismísimas estrellas, luz propia.Enhorabuena.

Kora 08/29/2013 07:38

Querida Toñy. Los brillos de las estrellas, de esas que ves tú y que vemos todos, son evidencias maravillosas que, como bien dices, cuando hay nubes, desaparecen. Pero lo más importante de esas
estrellas y sus brillos, es que esa capacidad no desaparece cuando lo hacen en nuestro interior. Esos brillos permanecen siempre, sólo hay que saber mirarlos.
Un saludo y gracias por tu tiempo y palabras.

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