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23 diciembre 2013 1 23 /12 /diciembre /2013 08:04

Le causaba pánico bajar a la habitación donde, desde hacía meses, descansaban las cajas donde transportó sus pertenencias. Cada vez que bajaba, se le helaba la sangre. Quizás la sensación al sacar alguna de esas cosas de las cajas era la de desterrar su pasado o, mejor aún, posicionarse más si cabe en su nuevo hogar.

Temía esa sensación porque llegaba cargada con una nostalgia difícil de gestionar y manipular para que no escociera. Venía rondando con sigilo hasta conseguir paralizarla en un determinado momento de su vida donde, sin duda, había sido feliz y había estado triste casi a partes iguales.

La maldita mente que, en ese sentido, no evolucionaba, no seguía su camino para ver lo que le depararía un futuro que, aunque incierto, en los días de gloria personal, se tornaba deseado. Pero en los días de desastre emocional, era una losa pesadísima, angustiosa, asfixiante.

Tres escalones y un suspiro. Si no se decidía con determinación, podía quedarse postrada a medio camino sin mayor problema.

Siguió bajando las escaleras hacia aquella estancia relegada a los recuerdos.

Encendió la luz que iluminó las cuatro paredes. Las cajas, sin orden ni concierto, le esperaban ansiosas de vacío, de pasar a mejor vida. Sabía que esa acción era absolutamente necesaria...pero es que había veces que era taaaaaaaaan frágil que...ay, que complicado es todo!!!!!!.

Miró un instante tratando de recordar donde se encontraba aquel jersey que combinaba muy bien en su imagen mental para aquella cena. Eran 6 las cajas dispuestas, las cajas principales y las secundarias llenas de zapatos por obra y gracia de la naturaleza que había consentido que tuviera la misma talla desde hacía más de 20 años.

Supo cual era, efectivamente sabía de donde tirar para conseguir la prenda y huir de allí lo antes posible, antes que el bombardeo de la pena y la frustración hicieran tope con su propia capacidad de razonar.

Pero fue incapaz. El sencillo movimiento de tirar de una esquinita del jersey y salir pitando de alli no se produjo. Por contra, se sentó en una de las camas que nadie usaría dejándose el alma en el intento de ser valiente.

Miró al suelo, frío, helado, recio y abrió los ojos mucho, como si realmente pudiese ir más alláde las cuatro losas que miraba fijamente sin pestañear.

Se acomodó un poco mejor vencida por el momento que quería evitar a toda costa y sintió una especie de pinchazo en la pierna. La levantó y comprobó que se había sentado sobre un cuaderno. Uno de las decenas que tenía esparcidos por su vida.

Lo abrió y corroboró que sólo contenía una linea, una sola línea. Y se estremeció.

"Si tienes belleza interior, cualquier sitio puede llegar a ser bello".

Belleza...interior...conceptos abstractos que rondaban su cabeza, que martilleaban sus sienes con cada vez más potencia.

Si eso era así, ¿por qué entonces no lograba encontrar su sitio?. Sencillamente porque ocultaba esa belleza con los vestidos de aquella tristeza que le perseguía hiciera lo que hiciera. Esos trajes de velo vaporosos de la melancolía más traicionera, la que aparecía sin ton ni son, sin ser demandada, sin ser querida.

Mientras pensaba esas barbaridades y se encorvaba cada vez más por el peso de sus propias experiencias vividas, del cuaderno se desprendió una tarjeta. Amarillenta y medio arrugada fue a parar a la punta de sus pies.

La cogió y la abrió. Una felicitación de Navidad que cumpliría pronto 20 años. Y no pudo evitar, tras su sorpresa, sonreir al hallazgo. 20 años atrás alguien se acordó de ella para desearle unas felices pascuas. Alguien que desapareció por arte de magia pero que, casualidades del destino, le había acompañado hasta ahi mismo, hasta la habitación de las penurias, hasta la cama donde nadie dormiría jamás.

¿Por qué no rendir homenaje a aquellos recuerdos beneficiosos en vez de intrincarse y enredarse de mala manera en los recuerdos que no terminaban de satisfacerla?.

Abrazó la tarjeta, observó la esquinita del jersey, tiró de él con rabia y lo estiró para que se oxigenara mientras pensaba en la combinación perfecta de aquella pieza para aquella cena.

Suspiró con profundidad, tras lo cual percibió un leve ruido que reconoció enseguida. El morrito de una de sus perras se asomó al dintel de la puerta contraviniendo las normas de no poder entrar en casa si no era con su permiso. El morrito empujó más la puerta y apareció aquella carita que le daba la vida. Llamó a la perrita y, la fiesta subsiguiente le llenó el alma de ternura. 

Se levantó, apagó la luz, subió las escaleras y acompañó a su ángel a la puerta "echándole" con todo el amor posible.

Aquella Navidad iba a ser una más...pero iba a ser muy especial.

Feliz Navidad a tod@s de Kora-zón.

 


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Published by Kora
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Comentarios

Kora 01/23/2014 13:09

Querido R, bienvenido a mi casita, espero que disfrutes en ella. Y, sobre todo, que encuentres esos rayos de sol que inundarán, sin duda, tus dias

R 01/22/2014 15:55

Sentado en el salón, de una casa extraña, acompañado de la soledad de su alma.Veinticuatro de Diciembre, el mejor día para estar solo. Se levantó y decidió que no era tiempo de sufrir, que solo se
vive una vez. Ese día tomo una decisión que le acompaña cada día.

Kora 12/30/2013 09:32

Y lo importante es que los que se conserven, sean los buenos recuerdos. Hacer el ejercicio (tremendo, ojo)de desterrar los que nos hacen daño para que esas cuchillas no sean tan afiladas...un beso
de los grandes.

juan 12/28/2013 19:37

Recordar es un ejercicio digno,valiente y propio de las personas fuertes como lo eres tú,yo tambien recuerdo una niña con el pelo rubio y una coleta que era y es el motivo de nuestra existencia y
es la palanca que nos empuja al futuro.
PAPA Y MAMA

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