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11 marzo 2014 2 11 /03 /marzo /2014 07:51

Podría haber sido mi padre. Los nuevos servicios de facturación que permitían hacerlo mucho antes desde la parada de tren de Nuevos Ministerios, eran lo suficientemente atractivos como para usarlos aquel día rumbo a Málaga. Pero no.

Podría haber sido mi prima que en compañía de tantos otros, cogía aquel tren cada mañana y no quedarse dormida por no haber puesto el despertador. Pero no.

Podría haber sido mi otra prima que decidió ese día descansar y coger el día libre. Pero no.

Podría haber sido aquel amigo que cada madrugada se encaminaba rumbo a la sucursal donde se ganaba la vida en sentido contrario a la tragedia. Pero no.

Podría haber sido yo misma que estrenaba trabajo desde hacía escasos 15 días. Pero no.

De pronto se hizo de noche en pleno amanecer.

Me cuentan que el sonido de las sirenas se convirtió en la banda sonora de una mañana para olvidar. Que las cenizas cubrían un cielo que se presumía muy azul en los albores de una primavera que irremediablemente iba a llegar en pocas jornadas. Que se hizo el silencio tras la explosión. Que la gente se echó a la calle por esa vena solidaria y natural de perpetuar la especie con el mínimo hálito de vida. Que se colapsó la ciudad porque jamás había pasado nada así. Que se anularon las comunicaciones y la angustia entró por todas y cada una de las puertas de las casas colindantes al amasijo de hierros que sucedió al desastre. Que los niños no tuvieron colegio ni ese día ni al siguiente, viernes para ser más exactos. Que el paisaje se pintó de unas velas rojas que jamás dejaron de lucir más que cuando ya se consideró que el luto había pasado. Que se desbordó la vida como un barco a la deriva y el naufragio fue inminente entre llantos y sollozos de un dolor indescriptible. Que olía a carne quemada y que ese olor no desapareció en días sucesivos.

Me cuentan que había gente que no daba señales de vida, a pesar del incesante murmullo de móviles que sonaban sin poder ser descolgados, que se reunieron en mi casa en espera de que las noticias que se sucedían en cascada fuesen algo más que una macabra sorpresa, que se podía soñar despierto con que todo aquello no estuviese sucediendo y que con cada lágrima derramada se pudiesen taponar las heridas que se abrían en la piel y en el alma.

Me cuentan que mi tocaya no ha aparecido, que Javier si sobrevive buscando a su padre y que la madre de Dani ha logrado contactar con su familia desde el hospital. Que Nines no ha ido a trabajar porque ha puesto su coche al servicio de los demás y que mi madre llora abrazada a mis primas mientras los cristales de la ventana de la cocina se menean casi hasta el estallido.

Lo que nadie me contó es que justo 10 años después, el recuerdo resurge de algún recóndito rincón de la memoria para que no se me olvide aquel fatídico día en el que se produjo la ruptura de la tranquilidad por siempre jamás.

 


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Published by Kora
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Comentarios

Kora 03/14/2014 07:59

No, Flori, no era el día...besitos y flores para ti

Flora 03/13/2014 21:36

Como dices, Kora; "no era el día".

Un fuerte abrazo, paz y amor, para ti y todos... presentes y ausentes.

Kora 03/12/2014 08:14

Aquel no era el día, papá, sencillamente no era el día.
Un beso muy grande.

papa 03/11/2014 18:29

Afortunadamente la secretaria SANTI me dijo que me tenia que llevar la carta a Málaga por lo que decido llevarme el coche y pasar a primera hora por la oficina,PODRIA nó tenerme que llevar la carta
y hubiese tomado el tren a nuevos ministerios,dos dias antes viajaba en ese tren con BERTA fué la última vez que la vi.

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