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9 julio 2013 2 09 /07 /julio /2013 07:22

Fue un suspiro. Quizás dos. Cuando el tiempo no tiene medida, cuando realmente no se sabe la cantidad que se invierte en ese profundo pensamiento, llega la reflexión involuntaria y, en ocasiones, dolorosa.

Sentada en aquella piedra desde donde divisaba la inmensidad de un mar azul e infinito, el silencio le golpeó los cimientos de lo que hasta entonces parecía la calma.

Cerró los ojos y se dejó acariciar por la brisa de aquella caida de sol de verano. Se le removió el ya revuelto flequillo y se replegó sobre sí misma para atrapar un poquito de calor.

La uniformidad de la masa de agua que tenía justo delante le reportaba una serenidad que el asfalto le quitaba. Le aportaba una energía que venía en la reserva desde que la vida le cambió de un día para otro, desde que le volvió a cambiar cuando ya creía superada la pena del primer cambio.

La traición, pensó, es de las peores situaciones que un ser humano puede vivir, independientemente de las circunstancias que le rodeen. El desgarro que produce la pérdida de confianza y saberse engañado es dificilmente superable cuando uno se entrega en cuerpo y alma a la historia en la que cree, la que le levanta cada mañana y le mece cada noche.

Cogió aire para oxigenar su cuerpo y su mente en un estado de concentración absoluto. Hasta allí había llegado para enfretarse cara a cara con sus propios temores y con su propia desdicha personal. Necesitaba hacerlo sola, con valentía y con el solo contacto de aquel mar gigante cuya superficie solo era pintada de blanco por alguna ola caprichosa.

El olor a sal y la sensación de humedad cobijó sus lágrimas mientras veía como pasaba su vida en fotogramas que comenzaban de una manera preciosa pero que terminaban de la peor de las posibles. Estaba rota y enfrentarse a esa sensación de impotencia y decepción le cogió por sorpresa. Hasta ahora, había ido maquillando la realidad y autoconvenciéndose de su valía, de su bondad y presunta madurez. Pero la soledad es a veces la mejor terapia posible, una compañera insaciable que logra sacar todo aquello que llevas dentro y que no es de juguete.

Se dejó llevar por ese arrebato de crudeza, vaciándose como hasta ahora, en los últimos meses, no había tenido el coraje de hacer.

Y viajó lejos, muy lejos, tan lejos que cuando quiso volver, tuvo que coger otro camino desconocido, incierto pero, según su instinto, también verdadero.

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Published by Kora
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