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15 julio 2014 2 15 /07 /julio /2014 07:42

Hablabamos muchas veces de la fluidez de la gente. Gente que entra en tu vida, gente que sale, incluso, gente que entra, que sale, que vuelve a entrar, que vuelve a salir. Cómo fluye todo con una dinámica propia en base a las filias y fobias que se crean en la relación entre dos personas.

Las salidas dolían, como quiera que fuesen, pero dolían. No dejaban de ser pequeños duelos (o grandes, según se mire) que tenías que gestionar como buenamente pudieras. Ausencias que desgarraban el alma, que te hacían estar más que sorprendida a la par que confusa y alucinando.

Entradas que traían aire fresco. Sin ser solicitadas, sin ser premeditadas. Llegaban para instalarse sin fecha de caducidad.

Salidas y de nuevo entradas. La parte más complicada, rehacer lo deshecho o, mejor dicho, hacer algo nuevo, no sin su puntito de miedo, de retardo, con cautela y determinada distancia.

No entradas porque sencillamente sabes que no hay cordialidad ni pureza y para qué perder el tiempo en algo que es imposible. Lo heroico para las carreras.

No salidas. Unas veces porque luchar merecía mucho la pena. Otras veces porque los sentimientos te cegaban y no se concebía el mundo sin esa presencia que, en realidad, era de mentira porque solo estaba presente un cuerpo, no el alma, que es lo que me va.

Dolor, risas, preguntas. Me cruzo de brazos porque ese día estoy más cansada. Repliego mi postura porque la cuestión me inquieta. Frío, mucho calor y de nuevo frío.

Las mismas cuatro paredes que nunca me ahogaron...¡cómo llegué hasta allí!. Con el corazón "partío" en mil pedazos que me parecían muy difícil recomponer. Me parecía practicamente insalvable la situación. Llegué con lo puesto, sin más, un atardecer de otoño, de esos que no me gustan porque cada vez son más cortos y con tintes de marrón oscuro. Llegué hasta allí sin saber siquiera cómo lo hice. La inercia de la dolencia, supongo, que hace estragos cuando tocas fondo.

Y tras horas, muchas horas, para algunos demasiadas, para otros no tantas, revientas la madeja en la que se han liado sensaciones presentes y pasadas, muy pasadas, prehistóricas. Te arrancas las entrañas recordando aquello que sedimentó con dolor, que echó raíces envenenadas, que se agarró con una fuerza sobrehumana a tu subconsciente no permitiendo, ni por asomo, que renaciera de nuevo. Mirar a otro lado para no pelear sin tregua una y otra vez. Eso cansa demasiado y, encima, te deja baldada para el resto de los restos.

Poco a poco asomas la patita, pidiendo permiso para vivir la vida que te parece adecuada, siempre con moderación no vaya a ser que, además, tengas que soportar la losa de la diferencia. Pesa toneladas y, en ocasiones, es insoportable.

Y, de pronto, bailas. Danzas libre. Las heridas se cierran pero esta vez no en falso. Las señales de las ataduras apenas se perciben. El corazón coge ritmo alegre y los nudos en distintas partes del cuerpo, se desvanecen, no aprietan, ni siquiera tienen entidad.

Te notas ligera, etérea, fina. Vas de puntillas por el borde del precipicio pero asegurada con una cuerda. Al otro lado, los que no desean que te caigas pero que, por el contrario, quieren que sigas caminando, sigilosa, felina. Al otro lado te susurran jaleo, te alientan cariño y, en un traspiés, tiran de la cuerda para que no desciendas a ese fondo que conoces perfectamente porque lo has tocado varias veces.

Con una dirección clara y con mil explicaciones que despejan las dudas acerca de mil temas que te corroían, comienzas a caminar sola. Inicialmente torpe, muy torpe. Pero poco a poco, coges destreza y, con ella, el camino se hace menos duro.

Ya no hay miedo, más que el lógico. Ya no hay temor, más que el normal. Ya no hay noches de química mágica, de eternas pesadillas, de una oscuridad que pervierte tu serenidad. Ya no hay voces en contra, no hay gestos desaprobatorios, no hay ni un solo comentario que te abra en canal.

Mi pequeño homenaje a mi interlocutora al otro lado de la mesa gris. Porque al final, querida, ¿qué es la vida?...idas y venidas.

Gracias por todo.

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Published by Kora
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Comentarios

tatiana 11/13/2014 15:35

Idas y venidas, al final es el día a día es la vida en movimiento. Pero los fijos, los autenticos, los leales...los fieles, son los que permanecen estáticos en esa vorágine. Los que te quieren por lo que eres y sobretodo por quien eres.

kora 11/13/2014 15:41

La dinámica imprecisa en la que, por suerte, tambien encontramos a personitas maravillosas con una paleta de colores genuina...besitos bella

Kora 07/21/2014 07:52

Gracias reina!!

MJ 07/20/2014 23:07

Felicidades, princesa.

Kora 07/17/2014 07:46

Muchas gracias Toñy...no hay nada más satisfactorio que saber que te quieren y que te apoyan.

Toñy 07/15/2014 20:06

Lo importante en esas idas y venidas es que seas feliz y encuentres tu bienestar.Te quiero mucho y "siempre estaré a tu lado y contigo"besos

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