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20 agosto 2014 3 20 /08 /agosto /2014 08:09

Poco a poco se fue haciendo a la oscuridad de la habitación. El reflejo de una luna estampada a medias hacía las veces de foco improvisado.

A medida que sus pupilas se iban adaptando a la negrura de la noche su nivel de seguridad aumentaba. Solo un silencio roto por algún ruido de los habituales le sacaba del letargo de ese maremagnum de sensaciones. Sus sentimientos, aparcados durante el día, afloraban en todo su esplendor y se acomodaban en los recovecos que su cuerpo laxo creaban sobre el colchón.

Arrugó una esquina de la sábana por si necesitaba disipar alguna lágrima, cualquier precaución en ese sentido sería bienvenida. Miró al frente, a la pared, blanca y limpia, sin enfocar a ningún punto en concreto, tan solo descansando la vista, dejándose llevar.

Notaba como el corazón iba pausando su andanza por aquella jornada de desencuentros variados y de encuentros maravillosos. Ese día la paleta de colores había sido diversa, le mantuvo entretenida buena parte del día y la otra parte, no había sido tan buena.

Sentía cansancio, agotamiento, vacío. Se hizo un ovillo y, de paso, estiró los músculos contraídos por esos golpes que te da la vida. Sabe que se contrae para recibir más palos y que éstos duelen menos, como cuando era pequeña y le iban a propinar un azote ante alguna travesura y ponía el culo duro para que doliera menos. Era instintivo, nada premeditado o entrenado.

Alojó la cara en la almohada buscando ese contacto que le daba la paz necesaria para poder comenzar a caminar por alguna onírica historia. Iba a ser muy difícil, la factoría mental estaba a pleno rendimiento y los fotogramas se sucedían uno tras otro con una velocidad de vértigo.

Cerró los ojos. Le escocían pero a la vez sentía alivio. Los párpados a esas alturas le pesaban quintales y un suspiro preparó su cuerpo maltrecho para lo que tenía que venir después, lo lógico, dormir.

Pudo visualizar a su lado el otro lado de la cama. Estirado y solitario, esperando ocupación permanente y no a ratitos, anhelando un ente para compartir sueños.

Pasó la mano por la sábana. El tacto era suave y la textura de algodón le resultó muy agradable. Caminando por ese lado de la cama con la punta de los dedos, sintió que no había necesidad de guardar ese espacio. Algo tan romántico como respetar ese hueco para un acompañante se le antojó insoportable. Agarró el borde del colchón y se movió hacia ese lado rompiendo ese romanticismo absurdo.

Su descanso era lo más importante. No iba a dar notoriedad a la Nada, mejor poner los pies en el suelo y dormir a lo largo del metro y medio de tela y viscoelástica.

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Published by Kora
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Comentarios

Kora 08/26/2014 07:55

Hola Floris!!!!, pues nada, a guardar nada de nada que si no, de tanto guardar, al final se acumula lo que no queremos.
Un besazo enorme

Flora 08/25/2014 13:43

... sí señora, el vacío es para llenarse y, llenarlo de nosotros mismos (nosotras mismas en este caso) es bueno. Una servidora, no desaprovecha ni un milímetro de vacío, ... voy, poco a poco, refrescándome en cada uno de sus huecos ¡me encanta! pero bueno, es que guardar ausencias no es lo mío, como dicen: "quien va Sevilla pierde su silla y si a León, hasta el sillón" jaja... Besos, pequeñaja :)

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